Recuerdo que lei este libro:  El fin de la infancia  por sugerencia de mi Tio Ricardo hace tantos años, que no recuerdo si tenia 10 o 11 años, pero fue una revelación en mi apenas malformado cerebro de niño adolecente que sueña con el espacio, “creo que fui la ultima generación que vio el espacio como algo del futuro”, las nuevas generaciones volvieron a aterrizar al planeta tierra.

 

Síntesis editorial:

“Con El fin de la infancia – escribió Basil Davenport- Arthur C. Clarke
se une al pequeño grupo formado por C. S. Lewis, Olaf Stapledon y
quizás H. G. Wells, que ha usado la ciencia-ficción como vehículo de
ideas filosóficas. Dicho esto, es necesario añadir apresuradamente que
El fin de la infancia es un libro tan ameno, desde el punto de vista de
la narrativa pura, como cualquier otra novela común contemporánea.” El
fin de la infancia -obra que según William Du Bois merece la total
atención de los habitantes de “esta época de ansiedad”-tiene como tema
la futura evolución del hombre. Una raza extraña llega a la Tierra y
trae consigo paz, prosperidad…, y la inesperada tragedia de la
perfección. ¿Qué seguirá a la extinción de la raza humana? Arthur C.
Clarke, en un final de notable belleza, plantea la más alucinante de
las hipótesis.

Siempre que en alguna platica hago referencia a este libro la gente cree que es un libro de autosuperación, pero no!,  es un libro de Ciencia Ficción, escrito en los años 50´s del siglo XX, osease hace mucho tiempo, la historia es increible y habla sobre una raza  LOS SUPERSEÑORES que llega a la tierra traer paz, conocimiento, salud etc.. y el descenlace es poca madre por no decir de NO MAMES, pueden leer un poco en el abstract que les doy en la liga a wikpedia, pero si les interesa saber mas lean el libro.

Ahora que lo reecontre me senti como niño de nuevo, jugando entre demonios y el espacio, les comparto esta parte que explica algo de la epoca de oro cuando los superseñores empiezan a enseñarle a la humanidad de su conocimeinto.

 

  • Era sabido que los superseñores habían tenido acceso al pasado, y
    en más de una ocasión se había recurrido a Karellen para que
    solucionara alguna controversia. Pudo haber ocurrido que Karellen se
    cansase de responder a tales preguntas, pero es más probable que no
    hubiese ignorado cuáles serían las consecuencias de su generosidad. El
    instrumento que entregó en préstamo al Instituto de Historia Universal
    no era más que un receptor de televisión con un complicado sistema de
    controles para establecer ciertas coordenadas en el tiempo y el
    espacio. El aparato debía de estar conectado de algún modo con una
    máquina mucho más compleja, instalada en la nave de Karellen, y que
    funcionaba de acuerdo con principios inimaginables. Sólo había que
    ajustar los controles e inmediatamente se abría una ventana al pasado.
    De ese modo casi toda la historia humana de los últimos cinco mil años
    era accesible a los hombres.
  • Aunque las mentes racionales habían sabido siempre que todos
    los textos religiosos no podían ser verdaderos, la reacción fue sin
    embargo muy notable. Allí estaba la revelación que nadie podía negar o
    poner en duda. Ahí estaban —vistos gracias a una desconocida magia de
    los superseñores— los verdaderos comienzos de todas las grandes
    religiones del mundo. En sólo unos pocos días todos los redentores del
    género humano perdieron su origen divino. Bajo la intensa y
    desapasionada luz de la verdad las creencias que habían alimentado a
    millones de hombres, durante dos mil años, se desvanecieron como el
    roció de la mañana. El bien y el mal fabricados por ellas fueron
    arrojados al pasado. Ya nunca volverían a conmover el alma de los
    hombres. La humanidad había perdido sus antiguas divinidades. Ahora era
    ya bastante vieja como para no necesitar dioses nuevos.

 

 

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